lunes, 17 de septiembre de 2018

El abrazo de Maipú

EL 5 de abril de 1818  El libertador chileno abrazó al argentino mientras le decía: “¡Glorias al salvador de Chile!”. San Martín le respondió: “General: Chile no olvidará jamás el nombre del ilustre inválido que el día de hoy se presentó herido en el campo de batalla”.
 Esa fue la escena que coronó la jornada de la liberación definitiva de la nación trasandina.
 Pedro Subercaseaux Errázuriz, nacido en 1880, fue el autor de este célebre cuadro. 
Fuente:http://blogs.lanacion.com.ar/historia-argentina/artes/el-abrazo-de-san-martin-y-ohiggins/

sábado, 15 de septiembre de 2018

San Martín y Belgrano, amigos del alma.  

Por Felipe Pigna


Tuvieron una relación cordial y de admiración antes de que se conocieran personalmente. Se vieron cara a cara por primera vez en enero de 1814 en Salta. Fue el comienzo de una entrañable amistad.

Según surge de la correspondencia de Belgrano, las primeras informaciones que recibió del gobierno le indicaban que San Martín iba para auxiliarlo. Los hombres del Directorio porteño le ocultaron al creador de la bandera que San Martín debía relevarlo del mando. Más aún, el jefe de Granaderos llevaba órdenes reservadas del gobierno de detener y enviar a Belgrano a la capital, para juzgarlo por las derrotas en el Alto Perú. Pero San Martín se negó a cumplir esas órdenes.
La relación entre Belgrano y San Martín fue cordial y de admiración, ya antes de que se conocieran personalmente. Belgrano le escribió en la Navidad de 1813: “Soy solo, esto es hablar con claridad y confianza; no tengo, ni he tenido quien me ayude y he andado los países en que he hecho la guerra, como un descubridor, pero no acompañado de hombres que tengan iguales sentimientos a los míos (…). Espero en V. un compañero que me ilustre, que me ayude y quien conozca en mí la sencillez de mi trato y la pureza de mis intenciones, que Dios sabe no se dirigen ni se han dirigido más que al bien general de la Patria y sacar a nuestros paisanos de la esclavitud”.
El 11 de enero llegó San Martín a Tucumán y partió a Salta, a pedido de Belgrano, adonde llegó el 19. En algún punto de Salta se encontraron a fines de enero de 1814 los que son considerados los hombres más queridos, admirados y respetados por los argentinos. Allí pudieron estrecharse en un abrazo y conversar sobre el destino de la patria. San Martín escuchó el relato de Belgrano sobre las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, que se hubiesen evitado si las autoridades de Buenos Aires hubieran atendido sus advertencias. Belgrano había sugerido consolidar la defensa de la frontera norte y dejaba en claro que no estaba en condiciones de lanzar una ofensiva sobre las superiores fuerzas realistas del Alto Perú. Cada uno había escuchado hablar del otro. Sin conocerse, sentían una profunda admiración que se fue convirtiendo en entrañable amistad.
Belgrano compartía las penurias de sus soldados. En forma reiterada reclamó al gobierno para que solucionara las demoras en los pagos y que le enviara vestuarios y equipamiento indispensable: “La desnudez no tiene límites: hay hombres que llevan sus fornituras sobre sus carnes, y para gloria de la Nación hemos visto desnudarse de un triste poncho a algunos que los cubría para resguardar sus armas del agua”. Cansado de no recibir contestación de quienes en Buenos Aires se enriquecían con el comercio con los ingleses, les escribió: “Digan lo que quieran los hombres sentados en sofás, que disfrutan de comodidades, mientras los pobres diablos andamos en trabajos […]. Si no se puede socorrer al Ejército, si no se puede pagar lo que éste consume, mejor es despedirlo”.
Ya instalados los dos patriotas en Tucumán, el 29 de enero de 1814 Belgrano presentó a las tropas a su nuevo jefe, que estableció su cuartel general allí, donde se dedicó a reorganizar al derrotado Ejército del Norte. Ordenó la construcción de una unidad militar, la Ciudadela, en las afueras de la ciudad de San Miguel. El 25 de febrero, día de su cumpleaños 36, fundó una Academia de Matemáticas y otra de Aritmética y Geometría, destinada a la oficialidad y a la tropa. Se reservó para sí la “cátedra” de táctica e historia militar, que dictaba personalmente. Manuel partiría a Buenos Aires demandado por un tribunal militar que finalmente lo absolvería. Los grandes amigos nunca más se volverían a ver, pero mantendrían una estrecha amistad a través de cartas entrañables. Al enterarse de la muerte de Belgrano, José, su amigo del alma, que estaba en el Perú, dijo que aquel era uno de los días más tristes de su vida. 

La Voz del Gran Jefe - Felipe Pigna



Ficha Técnica:
Título: La Voz del Gran Jefe
Autor: Felipe Pigna
Editorial: Grupo Editorial Planeta. 2014
Fecha de Publicación: Octubre 2014
ISBN: 9789504942405.
Número de Páginas: 560
Color Páginas: blanco
Encuadernación: rústica
Sinopsis:
“José de San Martín es uno de los hombres más nombrados y más homenajeados de nuestro país y a la vez, paradójicamente, uno de los menos conocidos en toda su dimensión. Las miles de calles (una por pueblo o ciudad) que llevan su nombre, las centenares de plazas, los tantos y tantos monumentos y bustos poco nos dicen de este hombre que lo dio todo por su país, que se comprometió hasta sus últimos momentos con la suerte de sus habitantes. Extraordinario estratega militar, que se inició en la carrera de las armas a los once años y a los quince ya era un oficial con mando de tropa; enorme lector y fundador de bibliotecas, pintor y concertista de guitarra. Calumniado hasta el extremo, perseguido, ninguneado y exiliado, su aguda mirada del país fue acallada, sus opiniones políticas ocultadas; su visión del ejército y el rol de las fuerzas armadas en la sociedad civil, censurada”.
Con la minuciosa investigación y el estilo atrapante que lo han convertido en uno de los historiadores latinoamericanos más leídos, en esta nueva obra Felipe Pigna encara la biografía del prócer máximo de la Argentina. La voz del Gran Jefe desentraña los mitos y debates que en vida y en la posterior construcción de su imagen como “Padre de la Patria” han rodeado a la figura de José de San Martín, para mostrarnos al hombre público y privado en todas sus dimensiones. Entre otros aspectos clave, pasa por una revisión crítica las versiones sobre su posible origen mestizo, su rigurosa formación intelectual y militar, sus complejas relaciones familiares, sus vinculaciones con la francmasonería y la diplomacia británica, sus adhesiones ideológicas y proyectos políticos, en su admirable trayectoria de libertador de América, los cuestionados motivos de su renuncia y su extraño ostracismo final. También incluye extensos párrafos del libelo inédito atribuido al general Carlos María de Alvear titulado Primera parte de la vida del general José de San Martín, una curiosa pieza bibliográfica que se ocultó a la lectura de los argentinos por casi doscientos años.
El monumental trabajo de Felipe Pigna devela un San Martín integral, que permite comprender su extraordinaria actuación en la fundación de las naciones latinoamericanas y la grandeza que inspiró cada uno de sus pasos.
Presentación "LA VOZ DEL GRAN JEFE" FERIA DEL LIBRO 2015 https://www.youtube.com/watch?v=HhnP7n5I11I

San Martín - El cruce de los Andes


Preguntas: El cruce de los Andes


1) ¿Por qué San Martín decidió el cruce de los Andes? 
San Martín entendió que habían fracasado todos los intentos de derrotar a los realistas por el camino del Alto Perú y, tomando muy en cuenta un plan elaborado en 1800 por el militar inglés Thomas Maitland, decidió que la estrategia más efectiva consistía en cruzar la cordillera, con la ayuda de los patriotas chilenos, liberar Chile y de allí marchar por mar hacia Lima y, en combinación con Simón Bolívar, terminar con la base del poder español en América.
2) ¿Qué era la guerra de zapa? 
Así se llama en términos militares a las tácticas para desorientar al enemigo con informaciones falsas y estrategias de espionaje. San Martín utilizó métodos de espionaje y engaño del enemigo -llamados “guerra de zapa”- durante sus campañas. El cruce de la cordillera se iba a hacer por los pasos de Los Patos y Uspallata pero para ello se necesitaban los planos. Se decidió enviar a Chile al mayor José Antonio Álvarez Condarco -que dibujaba muy bien y tenía una memoria notable- por el Paso de los Patos, que se suponía, era el más largo, con una copia de la declaración de Independencia de las Provincias Unidas para el gobernador español de Santiago, Marcó del Pont. El jefe realista, furioso, hizo quemar el acta y mandó a Condarco por el camino más corto posible, que resultó ser el Paso de Uspallata. El espía de San Martín regresó sano y salvo y pudo diseñar los mapas para el ejército libertador.
3) ¿Cuáles fueron las cifras del cruce de los Andes? 
A fines de 1816, el jefe militar estaba “listo para la de vámonos”, como él mismo lo dijo. Según Busaniche, el Ejército de los Andes tenía 5200 hombres, 10.000 mulas de silla y carga, 1600 caballos de pelea para maniobrar en el llano, 600 reses en pie para ser faenadas en el camino, 900 tiros de fusil y carabina, 2000 de cañón a bala, 2000 de metralla y 600 granadas. Además, contaba con todos los aprovisionamientos más necesarios para la campaña.
4) ¿Cómo era la relación de San Martín con el director Supremo Pueyrredón? 
San Martín necesitaba de todo para su campaña de los Andes y una de las “víctimas” de sus pedidos era el Director Supremo, Juan Martín de Pueyrredón, que así le contestaba a uno de sus pedidos en noviembre de 1816: “Van los 200 sables de repuesto que me pidió. Van las 200 tiendas de campaña, y no hay más. Va el mundo, va el demonio, va la carne. Y yo no sé cómo me irá con las trampas en que quedo para pagarlo todo, a bien que, en quebranto me voy yo también para que usted me dé algo del charqui que le mando, y ¡carajo! No me vuelva usted a pedir más, si no quiere recibir la noticia de que he amanecido ahorcado en un tirante de la Fortaleza”.
5) ¿Quién fue el médico del Ejército de los Andes? 
James Paroissien era un médico inglés radicado en Buenos Aires en 1803. De ideas liberales, en cuanto estalló la revolución ofreció sus servicios al nuevo gobierno y fue designado cirujano en el Ejército Auxiliar del Alto Perú. En 1812 se hizo ciudadano de las Provincias Unidas y el Triunvirato le encargó la jefatura de la fábrica de pólvora de Córdoba. Allí San Martín lo invitó a sumarse a sus planes y Paroissien fue el Cirujano Mayor del Ejército de los Andes. En varias ocasiones tuvo que atender al libertador afectado por alguna de sus diversas enfermedades.
6) ¿Cómo era la salud de San Martín? 
La salud de San Martín era bastante precaria. Padecía de problemas pulmonares -producto de una herida producida en una batalla en España en 1801-, reuma y úlcera estomacal. A pesar de sus “achaques” siempre estaba dispuesto para la lucha y así se lo hizo saber a sus compañeros: “Estoy bien convencido del honor y patriotismo que adorna a todo oficial del ejército de los Andes; y como compañero me tomo la libertad de recordarles que de la íntima unión de nuestros sentimientos pende la libertad de la América del Sur. A todos es conocido el estado deplorable de mi salud, pero siempre estaré dispuesto a ayudar con mis cortas luces y mi persona en cualquier situación en que me halle, a mi patria y a mis compañeros”.
7) ¿Cómo se organizó militarmente el cruce? 
Dos divisiones, una al mando del general Miguel Estanislao Soler y otra al mando del general chileno Bernardo de O´Higgins cruzarían por el Paso de los Patos. Otra, al mando de Las Heras, debía marchar por el camino de Uspallata con la artillería. Otra división ligera, que cruzaría desde San Juan por el Portezuelo de la Ramada con el objetivo de apoderarse de la ciudad chilena de Coquimbo, iba al mando de Juan Manuel Cabot. Otro destacamento ligero debía cruzar desde La Rioja y ocupar Copaipó cruzando la cordillera por el paso de Vinchina. Por el Sur, el capitán Freyre penetraría por el Planchón para apoyar a las guerrillas chilenas lideradas por Manuel Rodríguez.
8) ¿Qué comían los soldados del ejército de los Andes? 
La comida era un problema y San Martín encontró la solución en una comida popular típica de Cuyo el “charquicán”, un alimento basado en carne secada al sol, tostada y molida, condimentada con grasa y ají picante. Prensado era fácil de transportar y se preparaba agregándole agua caliente y harina de maíz.
9) ¿Cómo transportaban el agua? 
No había dinero para comprar cantimploras y se resolvió usar cuernos de vaca para fabricar recipientes individuales para cada soldado. Se dice que alguno que otro llevaba más de un cuerno, uno con agua y otro con agua… ardiente o vino para combatir el frío.
10) ¿Cómo era la relación de los indios con San Martín? 
San Martín pensaba que los auténticos dueños del país eran los habitantes originarios de América y se refería a ellos como “nuestros paisanos los indios”. Esto se expresaba, por ejemplo, en el nombre dado a su organización política: La Logia Lautaro, que tomaba su nombre de un guerrero araucano que encabezó la rebelión contra los españoles. Antes de cruzar los Andes se reunió con caciques pehuenches al pie de la cordillera y les solicitó permiso porque “ustedes son los verdaderos dueños de este país”.
11) ¿Cuál fue la primera victoria de San Martín tras cruzar la cordillera? 
Del otro lado de los Andes las tropas patriotas logran su primera victoria el 12 de febrero de 1817 en la cuesta de Chacabuco. La victoria de Chacabuco permitió la ocupación de la capital chilena. El 18 de febrero de 1818 se convocó en Santiago de Chile a un Cabildo Abierto que designó a San Martín Director Supremo. Don José rechazó el ofrecimiento y propuso al patriota chileno Bernardo de O’Higgins para el cargo.
12) ¿Cuál fue la única derrota del Ejército de los Andes? 
El 19 de marzo de 1818 las fuerzas patriotas sufrieron su primera y única derrota, la de Cancha Rayada. El saldo fue muy negativo: 150 muertos, centenares de heridos y la pérdida de gran parte de la artillería. Pero el General Las Heras logró salvar parte de la tropa y las armas y pudo así reorganizarse un ejército de 5.000 hombres.
13) ¿Cuál fue la batalla que decidió la independencia de Chile? 
San Martín logró derrotar definitivamente a los realistas en Maipú el 5 de abril de 1818. Este triunfo consolidó definitivamente la independencia de Chile. Varios días después, cuando llegó la noticia del triunfo, en Buenos Aires se organizaron bailes y festejos y la gente iba de casa en casa felicitándose y abrazándose.
14) ¿Cuáles eran los pasatiempos preferidos de San Martín? 
Le gustaba mucho jugar al ajedrez y era muy difícil ganarle. Había practicado desde chico en sus diversos destinos militares y tuvo la ocasión de enfrentar con éxito a grandes jugadores. Tocaba muy bien la guitarra y en ciertas ocasiones, cuando los avatares de la guerra lo permitían, daba improvisados conciertos para sus “compañeros del Ejército de los Andes”, como él los llamaba. En España había tomado clases de guitarra con el gran concertista y compositor Fernando Sor.
15) ¿Cómo se consiguieron las armas del Ejército de los Andes? 
San Martín sabía que no podía esperar que el gobierno central le mandara más cosas. Necesitaba armas y decidió montar una fábrica en el campamento del Plumerillo cerca de la ciudad de Mendoza, al frente de la cual estaba el sacerdote Fray Luis Beltrán, que fabricó fusiles, bayonetas, cañones y municiones con la ayuda de los habitantes de Cuyo.
16) ¿Qué problemas debieron enfrentar San Martín y sus hombres durante el cruce de los Andes? 
Tuvieron que soportar grandes cambios de clima. La sensación térmica se agudiza con la altura. De día el sol es muy fuerte y se llega a temperaturas de más de 30 grados y durante la noche el viento helado, con mínimas de 10 grados bajo cero, pude llevar al congelamiento. La altura promedio es de 3000 metros, lo que provocó en muchos hombres fuertes dolores de cabeza, vómitos, fatiga e irritación pulmonar.
17) ¿De qué color era el caballo blanco de San Martín? 
San Martín, como el resto de la tropa, cruzó los Andes en burro y en mula porque los caballos no resisten las condiciones de la cordillera. Según parece don José nunca usó un caballo blanco, ni siquiera en el combate de San Lorenzo.
18) ¿En qué términos se refería San Martín a sus soldados? 
He aquí un ejemplo:
“Orden General del 18 de julio de 1819
Compañeros del Ejército de los Andes: La guerra se la tenemos que hacer cono podamos: si no tenemos dinero; carne y tabaco no nos tiene que faltar. Cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con la bayetilla que nos tejan nuestras mujeres y si no andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios, seamos libres y lo demás no importa. Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas como hombres de coraje”. José de San Martín
19) ¿A qué se llamó la “genial desobediencia”? 
En Buenos Aires, el director supremo Juan Martín de Pueyrredón, para combatir al caudillo José Gervasio Artigas, favoreció la invasión portuguesa de la Banda Oriental y le pidió a San Martín que se hiciera cargo con su Ejército de la represión de los orientales. San Martín se negó diciéndole que “el general San Martín jamás desenvainará su espada para derramar sangre de hermanos” y se dispuso a continuar con sus campañas libertadoras.
20) ¿A qué se llamó el “Acta de Rancagua”? 
A principios de 1820 tras la batalla de Cepeda, desaparece el poder central representado por el directorio. San Martín era el General en Jefe de un ejército de un estado que ya no existía. El 2 de abril de 1820, los oficiales del Ejército de los Andes firmaron en Rancagua una declaración en la que decían que la autoridad de San Martín no caducaba porque “su origen, que es la salud del pueblo, es inmutable”. Gracias a este apoyo San Martín se sintió con el suficiente poder para emprender la campaña del Perú.

https://www.elhistoriador.com.ar/preguntas-el-cruce-de-los-andes/

Un San Martín desconocido: pintor, bailarín y amante de la música

Un San Martín desconocido: pintor, bailarín y amante de la música


¿Pudo un puñado de pinceles, algunas partituras y una guitarra formar parte de las pertenencias que acompañaron al general San Martín en sus campañas y luego en su retiro de la vida pública? ¿O acaso su inclinación artística, como otros aspectos de los menos explorados de su vida, se eclipsó ante la estereotipada faceta de guerrero que casi con exclusividad tienen de su figura la inmensa mayoría de los argentinos? Un amigo me dijo una vez con exagerada ironía que lo peor que había hecho José Hernández había sido escribir el Martín Fierro porque esa magnífica obra eclipsaba el resto de su gran labor literaria y parlamentaria.

En el caso de San Martín, es incuestionable que existen sobradas razones para recordarlo como uno de los mayores estrategas de la historia militar reciente, a la altura del chino Sun Tzu o del general norteamericano Robert Lee, por sus logros y proezas militares que testimonian esta afirmación. La distancia y el tiempo que le llevó unir Buenos Aires y el convento San Lorenzo, previo al enfrentamiento con los realistas, es considerada por historiadores especializados como la marcha forzada de caballería más rápida en la historia militar mundial; estratégicamente, este combate aplicado en Maipú, emulando el canae de Anibal Barca o el avance obliquo del tebano Epaminondas, son estudiados en academias militares como la de West Point, en los Estados Unidos, en la que además existe un gran retrato suyo en una de los salones principales, o la francesa de Saint-Cyr, sin olvidar, por supuesto, que su máxima obra táctica y estratégica, la Campaña de los Andes -que incluye el desembarco en las costas peruanas- no tiene comparación con ninguna otra en el globo, superando ampliamente a las campañas de Napoleón Bonaparte y Aníbal en los Alpes.



El reconocimiento de estas aptitudes en Europa fue tal, que los revolucionarios belgas le ofrecieron infructuosamente el mando para dirigir el movimiento que los escindió de los Países Bajos, y su opinión fue determinante en el parlamento francés y en el Foreign Office británico para ordenar detener y replegar las fuerzas invasoras de esas potencias en ocasión del bloqueo y violación de nuestra soberanía durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas.  
Son éstas algunas de las razones por las cuales es considerado el militar más destacado de las revoluciones hispanoamericanas, por encima de George Washington o Simón Bolívar. En definitiva no cualquiera ha lucido su busto hasta en la oficina oval de la Casa blanca.


Pero subyaciendo al guerrero encontramos en una personalidad tan interesante como en muchos aspectos inescrutable; su inclinación hacia estas "expresiones del alma" como decía Marc Chagall, quizá hasta un vehículo para la exteriorización de las emociones de una humanidad por naturaleza reservada.
¿Cómo comenzó a construirse y materializarse este lazo que unió a nuestro Libertador con la sensibilidad que encierra la tarea artística y nos descubre esta faceta desconocida de su vida? Sus primeras nociones en el dibujo y la pintura las adquirió seguramente en la península, en momentos de su educación temprana y es por esto que lo encontramos diseñando los escudos para la tropa en Arjonilla. En íntima confesión a su amigo Tomás Guido, sin complejo alguno,  le escribía que, si le faltara empleo en el Ejército, bien podía ganarse lando acuarelas y paisajes de abanico; y esto es por demás significativo ya que en vida pintala España de finales del siglo XVIII no eran bien vistas las artes manuales.

A su llegada a América en 1812, San Martín diseñó y bocetó personalmente el uniforme completo del recién creado Escuadrón de Granaderos a Caballo, y en la función pública, siendo gobernador de Cuyo, la bandera de los Andes. Más tarde, como Protector del Perú, la bandera y el escudo de la nueva Nación.

Pero esa inquietud artística no se limitaba a la pintura o el dibujo; sorprenderá seguramente imaginar a un joven San Martín punteando una guitarra siendo poco conocido que en el marco de su formación en la Península, y según el autor español Agustín de Herrán Matorras, tomó lecciones de guitarra del compositor Fernando Sors y otras de canto.Este pasatiempo fue retomado en su retiro europeo. Es indudable que le gustaba la música y esto se explica no sólo por la asiduidad con que asistía a conciertos una vez instalado en Francia, después de 1830 -así lo testimonia William Miller en sus "Memorias"- sino también por el hecho de que, de entre los libros que llevó consigo por América y posteriormente donó a la Biblioteca de Lima -que lamentablemente un incendio destruyó años des, encontramos varios volúmenes de un "Diccionario de la Música".

Como gobernador de Cuyo exigió que en escuelas y actos públicos se entonaran las estrofas del Himno Nacional Argentino y, como jefe militar, hizo lo mismo con las tropas de su mando. Mitre, avalado en el relato por un testigo, nos cuenta que en vísperas de la batalla de Chacabuco y luego de desmontar y prepararse para descansar,  encendió un cigarrillo y mandó a las charangas de los batallones que tocasen nuestra canción patria cuyos ecos habrían de resonar muy pronto en todos los ámbitos de las naciones liberadas. También nos cuenta Vicente Pérez Rosales que en todas las tertulias sociales se cantaba el himno, pero menciona en particular la que tuvo lugar en casa de la familia Solar y Rosales, que se clausuró con esas notas pero con un intérprete de lujo. Nos dice: "… todos se pusieron de pie. Hízose introducir en el comedor dos negros con sus trompas, y al son viril y majestuoso de estos instrumentos, hízose oír la voz de bajo, áspera, pero afinada y entera, del héroe…".
En lo que se refiere a la función militar, San Martín puso especial atención en la formación de bandas de música en los regimientos. En Chile, bajo su auspicio e iniciativa se fundó la Academia de Música, escuela que generaría dos bandas musicales que eran superiores a la única que tenía el ejército realista en el batallón Chiloé. El musicólogo chileno José Zapiola considera que en Chacabuco, además del campo de batalla, el triunfo patriota se extendió en el terreno musical, ya que "si bien un combate no se gana con corcheas y semifusas, sépase lo que ellas colaboran en levantar el ánimo de los que generan la victoria".
Su gusto por la música  -y el baile- trajo otras consecuencias inimaginadas y poco valoradas ya que no solamente llevó liberación en sus campañas. Al cruzar los Andes introdujo en Chile el "Cielito", el "Pericón", la "Sajuriana" y el "Cuando" (especie de minué con un "allegro" al final), de manera que además de victorias y esperanzas de libertad, nuestras tropas llevaron nuestras costumbres y cultura en su camino por la independencia. En particular el "Cielito" fue proyección musical de nuestras raíces en Chile, Perú y Bolivia donde se lo oyó y bailó, convirtiéndose en una bandera musical que animaba fogones de campaña.
También sabemos que era muy bueno en la danza de salón, donde armonizaba con elegancia su paso al ritmo de la música. Esta habilidad debió haberla adquirido en la Península ya que llegado a Buenos Aires en 1812 pronto fue motivo de comentarios en las tertulias que ofrecían las familias más importantes de la capital. Fue en una de éstas, la de los Escalada, donde conoció a Remedios. En relación a esto nos dice en sus memorias Mary Graham, amiga del almirante Thomas Cochrane, que "en un salón de baile hay pocos que lo aventajen…".
En el Perú y con el título de Protector, convocó a concurso a compositores de música para una marcha nacional peruana y ocupando el sitial de la presidencia dio orden a la orquesta de que iniciara la ejecución de las obras presentadas y cuando le tocó el turno a la del maestro José Bernardo Alcedo, el  Libertador se incorporó y, según nos cuenta el escritor peruano Ricardo Palma, exclamó: "He aquí el Himno Nacional del Perú", sosteniendo "que el entusiasmo patriótico se alimenta, entre otras cosas, con la adopción de una marcha nacional por el influjo que la música y la poesía ejercen sobre las almas sensibles".
A partir de 1830, en el exilio europeo, la música y el arte estarán continuamente presentes en su vida. Ya radicado en Francia, conoció al compositor italiano Gioacchino Rossini, que era muy cercano a Alejandro Aguado, benefactor de San Martín. Ambos fueron los primeros privilegiados en presenciar el estreno de la conocida obra "Guillermo Tell" que el músico les obsequió en agradecimiento a su amistad. Mientras su vista se lo permitió, se dedicó profusamente al dibujo y a la producción de acuarelas, preferentemente marinas, en un taller que compartía con su amigo Aguado. De ese inimaginado atelier, y para sorpresa de muchos, salieron dos obras que ilustran paisajes del Paraná y tienen el máximo prócer de la argentinidad como autor. Hoy, entre obras de Leonardo, Rembrandt o Delacroix, aunque no a la vista de las más de ocho millones de personas que lo visitan anualmente, descansan en el archivo del prestigioso Museo del Louvre.
Fuente: Infobae https://www.infobae.com/historia/2018/08/20/un-san-martin-desconocido-pintor-bailarin-y-amante-de-la-musica/

El día que San Martín posó para la foto

El día que San Martín posó para la foto

Fue a los 70 años en una París que atravesaba una revolución. El daguerrotipo es minúsculo, pero su valor es inmenso.


En el tradicional Museo Histórico Nacional de Parque Lezama se guardan devotamente más de 11.000 objetos que representan la historia de nuestro país. Pero hay una minúscula obra que, por su importancia monumental, brilla con una espejada luz propia: el único retrato al daguerrotipo que se conserva del General José de San Martín realizado en París en 1848, dos años antes de su muerte.
La imagen arribó a la antigua casona de San Telmo en el año 1900. En la carta de donación, el último propietario del daguerrotipo, don José Prudencio de Guerrico Maza, expresó que lo cedía con la satisfacción de “contribuir a enriquecer la colección de cuanto se relaciona al Grande Hombre” de la emancipación americana.
Dirigió la nota al primer director que tuvo la institución, Adolfo Pedro Carranza, que había solicitado la pieza unos meses antes. En el catálogo oficial del museo, el retrato quedó registrado como el objeto 1315, titulado sencillamente: “Retrato del General José de San Martín. Medio cuerpo”.
Un invento maravilloso. La historia de la única imagen fotográfica obtenida de nuestro máximo héroe nacional se remonta a 1839, cuando las Academias de Ciencias y la de Bellas Artes de Francia revelaron públicamente los secretos del misterioso “Daguerréotype”, portentoso invento desarrollado por los investigadores franceses Joseph Nicéphore Niépce y Louis-Jacques-Mandé Daguerre.


Esa novedad técnica fue adquirida mediante una fuerte suma de dinero y renta vitalicia por el gobierno del rey Luis Felipe, primero para su libre utilización y, también, para acelerar las mejoras sobre el invento.
Las primeras imágenes causaron pasmo, por su gran fidelidad, primero en los principales círculos de Europa y, poco después, en el mundo entero.
Las vistas urbanas de París eran tan perfectas que la gente se resistía a comprender cómo, de una caja de madera enfocada hacia un motivo, y por la manipulación de ciertos químicos, se podía obtener un fragmento perfecto de la realidad, sin la intervención de las clásicas paletas y pinceles.
El diario alemán Leipziger Stadtanzeiger se indignaba: “El deseo de querer captar los reflejos evanescentes no solamente es imposible, por las investigaciones alemanas realizadas, sino que es ya una blasfemia. Dios creó al hombre a su imagen y ninguna máquina construida por el hombre puede fijar la imagen de Dios. ¿Es posible que Dios hubiera abandonado sus principios eternos y hubiese permitido a un francés en París dar al mundo una invención del diablo?”. Aquella “invención del diablo” era, en realidad, la culminación exitosa de siglos de pequeños avances y descubrimientos realizados por sabios e investigadores en los campos de la física, la óptica y la química.
El daguerrotipo se compone de una placa de cobre, cubierta de plata, que había que pulir hasta dejar como un espejo. Luego se debía sensibilizar con vapores de yodo, formando yoduro de plata sobre la plancha. Y tras exponerla en la cámara –previamente enfocada hacia el asunto a tratar– durante un tiempo determinado, la imagen latente debía revelarse con vapores de mercurio calentado sobre un infiernillo de alcohol.
El mercurio se adhería a las partes del yoduro de plata afectada por la luz. Y la imagen así obtenida se fijaba con hiposulfito sódico y se lavaba con agua destilada. Se lograba así un positivo único, finamente detallado con una superficie delicada, que debía ser protegida por un cristal contra las abrasiones y encapsulada para prevenir la oxidación periférica de sulfuro de plata.
La imagen así obtenida era de difícil visualización pues, según su posición con respecto a la luz, se podía apreciar en positivo, en negativo o sólo como una plancha brillantemente espejada. Hoy, colocada frente a nuestro rostro, podemos ingresar mágicamente al siglo XIX.
A partir de 1840, los daguerrotipos fueron virados con cloruro de oro, mejora introducida por Hippolyte Fizeau, para aumentar el contraste de la imagen y fijar mejor el mercurio a la plata.
El prócer frente a la cámara. Hacia 1848, París era cuna de inventos y sede de ateliers dedicados al “arte del daguerréotype”. Se realizaban 100.000 retratos por año, a un precio promedio de 5 francos, cifra respetable por entonces.
San Martín vivía con su familia en la Rue St. Georges cuando estalló el movimiento revolucionario del 23 al 25 de febrero de 1848 que tumbó a Luis Felipe y dio paso a la Segunda República.
La violencia y anarquía en las calles impresionaron al general, que a los 70 años sufría dolores punzantes de reumatismo, gota, cataratas y otras dolencias de la edad. Fue uno de los motivos que determinaron que el grupo familiar decidiera trasladarse a la apacible Boulogne-sur-Mer.
Una antigua versión indica que fue en ese momento, antes de la partida hacia el norte de Francia, que su hija Mercedes Tomasa San Martín de Balcarce decidió llevar a su padre al estudio de un daguerrotipista para plasmar su figura a través de la fidelidad de aquel sistema.
La investigadora Laura Malosetti Costa menciona como probable autor del retrato al conde Olympe Aguado. Quien haya sido, fue excelente.
El historiador fotográfico Miguel Angel Cuarterolo indica que la decisión de tomarse un retrato tan costoso se vinculaba a una fecha o circunstancia importante en la vida de alguien. San Martín cumplió los 70 ese 25 de febrero. Probablemente, para esta única y última sesión fotográfica, San Martín debió posar con paciencia dentro de una extraña casilla aérea tipo invernadero, construida en madera y con una de sus paredes laterales y parte del techo vidriados, pues los daguerrotipos se tomaban sólo con luz natural, que se filtraba y direccionaba a través de cortinados gruesos y finos, siempre de 10 a 15 horas, para aprovechar la luz cenital. Si observamos la iluminación del retratado, comprobaremos una importante fuente de luz que proviene del lado izquierdo y que modela su rostro.
En esa fecha se le tomaron por lo menos dos daguerrotipos de estudio, ambos en diferentes posiciones, pero en la misma sesión. El primero, donde posa más erguido y con ambos brazos apoyados sobre la silla del estudio, se considera perdido desde el siglo XIX, aunque aun así, hacia fines de 1860, esa imagen fue reproducida por el fotógrafo inglés Robert Bingham, a través de la popular tarjeta de visita o “Carte-de-visite” (mide 9 x 6 cms.). Esta misma imagen fue reproducida luego en “Carte-de-visite” por los fotógrafos de Buenos Aires Adolfo Alexander y Christiano Junior.
El único daguerrotipo sobreviviente es el que se conserva en el Museo Histórico Nacional. Mide 12 centímetros por 10 y está montado en un marco oval de madera oscura con virola metálica y dorada. En el lateral derecho inferior se ven unas sorprendentes huellas dactilares que confirman la extrema delicadeza de este tipo de superficies sensibles.
La imagen se encuentra invertida. Siguiendo precisas instrucciones del daguerrotipista, San Martín se ubica mirando hacia un costado, apoya un brazo sobre la silla y el otro en el interior de la chaqueta, modalidad conocida como “napoleónica”. Son precauciones de inmovilidad, debido a los largos segundos de exposición frente a la cámara.
Iconográficamente, el San Martín viejo comenzó a difundirse de manera popular a partir del año 1867, cuando el correo argentino imprimió el primer sello postal de 15 centavos en color azul, serie que circuló hasta 1873. El primer billete con el retrato de San Martín viejo fue impreso en Londres.
Pero desde el daguerrotipo, un verdadero “espejo con memoria”, nuestro máximo héroe nos interroga sobre los destinos de su amada patria, que el 17 de agosto lo recuerda inmortal
Fuente: https://www.clarin.com/viva/dia-san-martin-poso-foto_0_rkzNVhOBQ.html



Los últimos días de San Martín


17 de agosto
Los últimos días de San Martín

Su último pedido, el más importante para él, se cumplió 30 años después de su muerte. La deuda con el testamento del prócer, por Felipe Pigna.


José de San Martín llegó al puerto de Buenos Aires en marzo de 1812. Lo hizo a bordo de la fragata George Canning y con un único objetivo: ofrecer sus servicios como militar experto al gobierno local, delegado en el Triunvirato. Nacido en Yapeyú, San Martín debía "profesionalizar" su tropa, con entrenamiento militar y disciplina.

Esa fue la primera lucha del prócer que en 1817 realizó el Cruce de los Andes. Pero el historiador Felipe Pigna recuerda al general también desde su "última odisea" y el relato de su último pedido, que se cumpliría 30 años después de su muerte.

"El sábado 17 de agosto de 1850 era un día desapacible en Boulogne Sur Mer, Francia. El general San Martín almorzó frugalmente. Poco después, sintió fuertes dolores de estómago. Se sentó en su sillón a la espera del doctor Jordan, que lo revisó y decidió quedarse ante la gravedad del cuadro y le sugirió a Mercedes que llamara a una hermana de la caridad para asistir al general", narra Pigna.



El Libertador luego le dijo a su hija: “Esta es la fatiga de la muerte” y le pidió al yerno que lo llevara a su cama. Allí tuvo sus últimos recuerdos. En eso estaba cuando la muerte se lo llevó a las tres de la tarde.

San Martín había prohibido que se le hiciera funeral o cualquier otro tipo de homenaje. Pero en su testamento sí dejó algo muy en claro: pedía descansar en Buenos Aires y que su sable fuese entregado a Rosas.

Ya embalsamado, el cuerpo del general fue colocado en un sarcófago y llevado, el 20 de agosto, a la iglesia de San Nicolás, de Boulogne. De allí fue trasladado hasta la catedral de Notre-Dame de Boulogne y en una de las bóvedas de la capilla fue depositado el féretro, donde debía permanecer hasta que fuese conducido a Buenos Aires.

"Al recibir la comunicación de la muerte del general San Martín, el ministro de Relaciones Exteriores de la Confederación, Felipe Arana, le escribió a Mariano Balcarce, en nombre de Rosas, para iniciar los trámites de repatriación. Sobrevino la batalla de Caseros, y los restos de San Martín permanecerían en Francia. El 21 de noviembre de 1861, con la presencia de los representantes de Argentina, Chile y Perú, los restos del Libertador fueron llevados a la bóveda de la familia Balcarce-San Martín en Brunoy, a unos 35 kilómetros de París", detalla el historiador.

Recién el 18 de julio de 1864, el diputado nacional por Buenos Aires, Adolfo Alsina, y el representante de Entre Ríos, Martín Ruiz Moreno, presentaron un proyecto al Congreso Nacional para que al Poder Ejecutivo, ejercido por Bartolomé Mitre, cumpliera la última voluntad de San Martín de descansar en Buenos Aires. Pasó un mes hasta que el Senado convirtió el proyecto en ley. 
Pero el Ejecutivo no activó el traslado.

Manuel Guerrico, en nombre de la familia, pidió a la Municipalidad de Buenos Aires una parcela en la Recoleta para depositar los restos del general, cerca de su mujer, Remedios de Escalada.

Ahí Pigna vuelve al incumplimiento del testamento. "Cuestiones de una histórica ingratitud", refiere sobre una demora inexplicable, tratándose del pedido del Libertador.

A los seis años, describe, la burocracia local nombró una comisión que dictaminó que el gobierno nacional tenía prioridad para decidir el destino final de los restos de San Martín. "El Poder Ejecutivo, ejercido por Nicolás Avellaneda, dispuso la creación de otra comisión, esta vez nacional, para poner en marcha el operativo que permitiera el retorno de los restos".

Los miembros de la comisión decidieron que el Libertador debía descansar en la Catedral Metropolitana. El arzobispo de Buenos Aires, monseñor Federico Aneiros, propuso levantar el mausoleo al héroe nacional en una capilla dedicada a Nuestra Señora de la Paz, que debería construirse en uno de los laterales de la Catedral.

El 25 de febrero de 1878, el día en que se cumplía el centenario de su nacimiento, se puso la piedra fundamental del monumento funerario.

El 21 de abril de 1880, desde el puerto de El Havre, finalmente partieron los restos del Libertador a bordo de la nave Villarino. Habían sido exhumados del cementerio de Brunoy. El cuerpo de San Martín llegó a Buenos Aires el 28 de mayo de ese año. Tres décadas después del día en el que San Martín le dijo a su hija la frase más triste y cerró los ojos para siempre.

El gobierno decretó el feriado nacional que conocemos hoy y organizó unas imponentes ceremonias públicas comandadas por el presidente Nicolás Avellaneda y el ex presidente Sarmiento. Los restos de San Martín fueron ubicados en el Mausoleo en la Catedral de Buenos Aires, inclinados y de pie, porque se había calculado mal el tamaño del féretro. Esa es, según Pigna, "la última odisea" del héroe nacional.